Cada cual su dilema,
Cada loco con su tema...

27 de mayo de 2009

Cactus Amarillo

Me he comprado un cactus. No sé porqué pero me apetecía tener un ser vivo a mi cargo y me ha parecido lo más fácil de cuidar. Un cactus es algo que no se muere normalmente…

Lo he comprado amarillo por lo que ponía en la etiqueta y porque me pegaba con las converse amarillas que llevo hoy:

""Simboliza la luz del sol, asociada a la fortuna, la alegría, la risa y el placer. Irradia siempre en todas partes y sobre todas las cosas.""

""El amarillo representa inteligencia y energía.""

Precisamente eso es todo lo que necesito: risa, alegría, inteligencia y energía. Aunque sinceramente no creo que un cactus me lo proporciones por muy amarillo que sea.

6 pensamientos:

  1. Jejeje, a mi se me murió uno q tenía, soy un pococ desastrosa con las plantas, ahora me he decidio por un maceto huerto y ahí estamos, sembrando tomates, a ver q tal me va, jejeje!!!

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  2. ajaj enna, sabes q es lo q mas me gusta? el recipiente del cactus! y te lo has comprao porq te hacian juego con las zapatillas, q joia eres!
    ale, pos a cuidarlo mucho ehh no lo atiborres mucho de agua q creo q no neceistan mucha. besicos

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  3. A mi los cactus me sobreviven los pobreticos XDDD

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  4. Hola,
    Dime una dirección de e-mail donde escribirte. Tengo una información que quizá te interese incluir en tu blog.
    Mi correo: janaru@gmail.com

    Un saludo.

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  5. yo tambien si algun dia tuviera plantas seria un cactus que con lo desastre que soy no seria capaz de cuidar nada

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IDEARIO

Me da vértigo el punto muerto
y la marcha atrás,
vivir en los atascos,
los frenos automáticos y el olor a gasoil.
Me angustia el cruce de miradas
la doble dirección de las palabras
y el obsceno guiñar de los semáforos.
Me da pena la vida, los cambios de sentido,
las señales de stop y los pasos perdidos.
Me agobian las medianas,
las frases que están hechas,
los que nunca saludan y los malos profetas.
Me fatigan los dioses bajados del Olimpo
a conquistar la Tierra
y los necios de espíritu.
Me entristecen quienes me venden clines
en los pasos de cebra,
los que enferman de cáncer
y los que sólo son simples marionetas.

Me aplasta la hermosura
de los cuerpos perfectos,
las sirenas que ululan en las noches de fiesta,
los códigos de barras,
el baile de etiquetas.
Me arruinan las prisas y las faltas de estilo,
el paso obligatorio, las tardes de domingo
y hasta la línea recta.
Me enervan los que no tienen dudas
y aquellos que se aferran
a sus ideales sobre los de cualquiera.
Me cansa tanto tráfico
y tanto sinsentido,
parado frente al mar mientras que el mundo gira.

Francisco M. Ortega Palomares